lunes, 21 de junio de 2010

En el 80 aniversario del eterno jóven Armando Hart

EN EL 80 ANIVERSARIO DEL ETERNO JOVEN ARMANDO HART

Por Giraldo Mazola

El pasado lunes 7 de junio el ICAP, en el marco de las actividades por su cincuenta aniversario, inició una jornada de Memoria Histórica en saludo al 57 Aniversario de los Asaltos al Cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y rindió justo y anticipado homenaje en ese encuentro al 80 aniversario de Armando Hart que arribará a esa edad el 13 de este mes y quien ha tenido una indisoluble relación de trabajo con dicho organismo.

Armando leyó allí un muy breve mensaje de agradecimiento con la voz entrecortada y emocionada al compartir con compañeros de su intensa y laboriosa dedicación a la causa que abrazó desde adolescente.

Al relatar que se prepara la recopilación de sus múltiples escritos y discursos en los últimos cincuenta años dijo, como un dato más, como algo aparentemente normal, como una reflexión de poca monta, que al iniciar la revisión había notado que sus escritos juveniles no diferían de los de su madurez.

Cuando lo observaba ahora coronado de canas, me recordaba del torbellino que era aquel joven conspirador de pelo negro azabache que fue hace décadas, permanentemente intranquilo, locuaz eterno, obsesivo en su eticidad hasta el infinito, de entrega absoluta a sus ideales.

Aunque no tuvo que ver con la organización del asalto al Cuartel Moncada su participación unitaria ulterior en la creación del M 26 de Julio es parte indisoluble de nuestra historia.

Con su hermano Enrique, Faustino Pérez, Pepe Prieto, Tony Llibre, Mario y Bebo Hidalgo y otros compañeros se vinculó al Movimiento Nacional Revolucionario del profesor Rafael García Bárcena que planeaba asaltar el cuartel militar de Columbia y cuyo intento fue abortado en abril de 1953, poco antes de la acción de los moncadistas.

No obstante su juventud e inexperiencia Bárcenas lo seleccionó por sus ya obvios valores éticos como su abogado defensor, declinando ofertas de veteranos juristas.

Cumplido ese rol y con sus compañeros liberados se entregó a preparar bajo la dirección de Fidel la nueva fuerza que emergería pujante y se llamaría MR 26 de Julio que todos ellos integrarían y de la que Faustino y él serían parte de su dirección nacional.

No es mi propósito relatar aquí su intensa actividad conspirativa por todo el país, subiendo y bajando de la Sierra, ni su labor paciente en la prisión siempre uniendo y sumando, pero no puedo omitir de mencionar su accionar como el primer ministro de educación de la Revolución tan ligado a Camilo en la conversión de los cuarteles en escuelas y en la legendaria Campaña de Alfabetización.

Tampoco puedo dejar de mencionar su papel como miembro del primer Buró Político y Secretario de Organización del Comité Central del Partido, de un partido en el poder, y su labor por consolidar esa fuerza política bien unida y adecuadamente pertrechada ideológicamente.

No es un accidente ni una casualidad que el Che, una vez liquidada la operación de apoyo a los combatientes zairotas, retenido momentáneamente en Tanzania en espera de la continuación de su periplo internacionalista que lo llevaría a pelear en montañas bolivianas, le escribiera desde Dar Es Salam una carta a quien consideraba capaz de encontrar la enjundia ideológica que necesitaban los revolucionarios cubanos y del mundo para sustentar su lucha.

Seleccioné unos párrafos en que Che le decía con cariño fraternal:

“…quiero exponerte algunas “ideíllas” sobre la cultura de nuestra vanguardia y de nuestro pueblo en general.
En este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer.
Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir.
Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos.
La segunda, y no menos importante, fue mi desconocimiento del lenguaje filosófico (he luchado duramente con el maestro Hegel y en el primer round me dio dos caídas).
Por eso hice un plan de estudio para mi que, creo, puede ser estudiado y mejorado mucho para constituir la base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar.”

Armando prosiguió su labor partidista en Camaguey primero y luego en Oriente y al ejecutarse la aplicación de la nueva estructura política y administrativa que multiplicó las seis provincias existentes en catorce devino como ha dicho Abel Prieto “en el eterno ministro de Cultura” desde donde continuó su labor proselitista unitaria y forjadora de una ideología sustentadora de la Revolución.

No es posible tampoco hablar de Hart sin recordar a Yeyé Santamaría. Dejo a la hija de ambos, Celia, que nos relate mejor que nadie, con su ternura insustituible de hija, facetas de los dos:
“Haydee reconocía en el joven abogado Armando Hart cualidades e inteligencia únicas y necesarias para la empresa de Fidel, como son su cultura política y su capacidad de asociar en un mismo proyecto cualquier idea honesta.
Se dio cuenta, al amarlo como lo hizo, de que Armando Hart poseía la rara combinación de la armonía de la flexibilidad con la de un espíritu revolucionario absolutamente radical. Me consta el amor único que le profesó. Nos enseñó a respetarlo y a quererle más allá del amor filial. Recuerdo con húmeda melancolía la manera en que mi padre me trataba de leer a Carlos Marx, con la sonrisa cómplice de ella, mientras se movía silenciosa y ligera por la oficina de papá.
Podrán decirse hoy muchas cosas, envueltas en la leyenda del final de la historia, pero todavía me resulta difícil separar esas dos vertientes raras de mi educación.
Mi madre, de alguna manera, contrató a Armando Hart como al mejor padre que me correspondía, que me enseñase algo sobre lo que ella sabía que pocos eran tan buenos como él.
No era especialista Haydee en marxismo, pero les puedo confesar que las lecciones más apasionantes que he tenido me las ofreció Armando Hart a instancia de ella; además, el primer paradigma de las teorías socialistas fue mi amor por José Martí.
Pero desde aquella iniciación, supe respirar el aroma de las mejores ideas de la cabeza que, siempre, sin dudas, fueron las concubinas de las ideas del corazón. Ambas, amándose y necesitándose, pero sin decírselo, por mera vanidad. Sus dos profetas.”
Ha sido en esta última década, como director de la Oficina del Programa Martiano, donde ha podido fundir como en un crisol las recomendaciones del Che sobre el marxismo con las ideas revolucionarias de Martí y de Fidel y dedicarse por entero a su difusión armónica.

Armando:
No se equivocó el Che al pedirte que te ocuparas de pertrechar de ideas a la vanguardia y al pueblo en general.

Has cumplido con creces esa encomienda y puedes afirmar sin dudas que en tus escritos iniciales y en los más recientes no se encuentran diferencias. Solamente has encanecido.

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