lunes, 20 de diciembre de 2010

ANECDOTAS CON BARBA ROJA (MANUEL PIÑEIRO LOSADA)

Anécdotas con “Barbarroja” (IV)
Por: Coronel ® Nelson Domínguez Morera (Noel)


Lo vi, por última vez, tarde en la noche de aquel mismo triste día del 11 de Marzo de 1998 y hablamos, siempre con la empatía para nada disimulada que le profesaba, unas horas antes del fatal accidente. Acababa de regresar de la conmemoración del 40 Aniversario de la constitución del Segundo Frente que Fidel orientó a Raúl organizar para extender la guerra a toda la serranía. De allí vino raudo a la Embajada de México, no recuerdo por qué conmemoración e hizo una breve escala.

El Nuncio de turno, Monseñor Benamillo Stela, presente en aquella recepción mexicana, como el resto del cuerpo diplomático, quien le profesaba, me consta, una gran admiración y simpatía personal, lo tenía asediado en un aparte, presentándole una y otra personalidad religiosa presente en la actividad. Cuando me divisó, él, conspirador sempiterno, me hizo una seña de que me acercara, a lo que accedí solícito,” médico ¿qué era lo que tu querías plantearme?” “…con permiso, señores, tengo que hablar con estos misteriosos de la Seguridad que siempre se creen que se las saben todas”, me tomó por el brazo y me apartó “sácame de aquí de estos curas, que estoy cansado con co… y quiero irme pa´l carajo”.

Así de franco, espontáneo, fácil y gran comunicador era “Barbarroja”, “El Gallego” para Fidel. No había evidenciado nada con hablarles de mi oficio porque él de sobra conocía que durante la visita papal yo fui designado públicamente como oficial de la C.I, integrante de la Comisión Iglesia Estado que presidida por Balaguer y compuesta por Caridad Diego y todos los obispos cubanos, más el Cardenal Jaime Ortega, se había constituido para la ocasión.

Fui testigo en aquella recepción de la Embajada mexicana, cuando, sin ingerir un solo trago, no lo hacía casi nunca y menos trabajando y él siempre estaba laborando conspirativamente, se le ofreció para llevar hasta su casa a Luisito Báez, que andaba sin carro, se fueron juntos y cuando regresaba de la casa de Luis del Vedado para la suya en Miramar, siempre solo y sin chofer, una hipoglicemia, (era un diabético crónico mal cuidado), le jugó una mala pasada en la calle 7ma.

Lo que no pudo el enemigo, que le vigilaba paranoicamente sus rastros como perro sabueso tratando de conocer en Cuba y en el Mundo, en qué pasos andaba, porque sabía a ciencia cierta que en cada uno de sus desplazamientos, estaba siempre una orden del Comandante en Jefe que por demás no le auguraba a ellos, nada agradable ni calmado, lo hizo el destino y nos lo arrancó … en plenitud plena, a pesar de sus ya muy próximo a cumplir, tres días después, los 65 años, y de estar comenzando a descompartimentar, por indicaciones de Fidel, informaciones sobre acciones vividas haciéndolas públicas dosificadamente en la revista Tricontinental.

Sirvan estos modestos recuerdos, expuestos en forma de cuatro anécdotas, para honrar la memoria de aquél cuyas misiones y tareas, siempre quedarán en el mayor de los misterios, pero que su audacia, carisma y ejemplo de fidelidad sin límites y a toda prueba para con “el maestro del Che”, siempre constituirán guía para los nuevos combatientes del MININT en este próximo 49 Aniversario.



Anécdotas con “Barbarroja” (II)

Piñeiro era un jefe sumamente exigente, pero al mismo tiempo, y eso no era contradictorio para él, con mucho magnetismo, muy afable, cariñoso y que inspiraba y le daba a sus subordinados, seguridad, intimidad, confianza y apoyo (una vez le dije a Timosi, cuando le hizo un libro, por qué no escribió la verdad del lugar intimo de su casa donde acostumbraba a despachar con algunos de sus subordinados, yo pasé una vez por esa mal oliente experiencia).

En el 1969 y con sólo un año como Jefe de Sección en el MININT, me manda a buscar junto a “Roberto” (Fabián Escalante, Jefe de aquella Dirección en ese entonces) y me encomienda una importante tarea fuera de Cuba haciéndome puntillosas exigencias sobre orientaciones que al respecto, había impartido el Comandante en Jefe.

Salí orgulloso pero algo inquieto, era mi primera misión de trabajo en el exterior, me acompañaban dos valerosos médicos que me doblaban la edad “Cuco” Rodríguez de la Vega e Ismael Borrajero y con ambos, sin yo saberlo,”Barbarroja” se había reunido antes precisándoles que yo sería el jefe y les explicaría durante el vuelo, en qué consistía la misión. También me asignaron la responsabilidad de la tripulación de aquel avión Britannia 318, charteado para la ocasión.

Aquello salió bien y a los 3 días estábamos de regreso con misión cumplida, pero, yo venía todo “cagado”, porque, por un imprevisto, tuve que adecuar una decisión de Fidel y no sabría como explicárselo a Piñeiro que tan quisquillosamente me lo había insistido. Aterrizamos y al pié de la escalerilla me recogió en el auto VW color rojo, (como su inmensa barba que en aquellos años aún no mostraba las canas amarillentas del después) en que acostumbraba desplazarse en aquél entonces, él al timón, casi nunca usaba chofer, tal era su afición por la conspiración. Enseguida me espetó mi falta, tan pronto comenzó a ponernos en marcha, reclamando con vehemencia mi pronta explicación que se la expuse con gran apendejamiento pero con mucha convicción y le satisfizo. Pero, cuál no sería mi sorpresa, cuando yo comenzaba a respirar más calmado, me dijo “… todo eso está muy bien, pero ahora vamos a que se lo expliques al Comandante en Jefe, allá está el Vice Ministro 1ero esperándonos”. Sentí un vuelco en el corazón que él percibió, y poniéndome una mano en la rodilla, en muestra de solidaridad aseveró “tú tranquilo yo te apoyo y asumo tú decisión como si fuera mía”.

Era la primera vez que en función de mi trabajo en la Seguridad, me entrevistaba con Fidel, fue en la Calle 11 y para complicar más las cosas, como eran más de las 3 de la madrugada, hubo que sugerir lo despertaran. No fue nada fácil explicarle, justificarme y que por suerte, al final me comprendiera. Piñeiro, a quien allí me enteré, el jefe de la Revolución Cubana, denominaba “El Gallego”, por el origen español de su padre, me apoyó con vehemencia absoluta, a tal extremo que el propio Comandante en Jefe en varias ocasiones tuvo que mandarlo a callar preguntándole sin mucha delicadeza, ¿pero quien estuvo allí, él o tú, deja que sea él quién explique?

El Comandante, desde la Sierra Maestra, Manuel Piñeiro Lozada “Barbarroja” iniciado en el Partido Ortodoxo, por Fidel en el local de la calle Prado, fundador de la Seguridad y del Ministerio del Interior, quién llegó a ser Vice Ministro Jefe de la Inteligencia Cubana y de su Dirección Liberación Nacional, así era en su entereza y hombría, muy a pesar de haberme conocido personalmente exactamente cuatro efímeros días antes, en que Roberto le propusiera designarme para aquella tarea.


Anécdotas con “Barbarroja” (III)
Por el Coronel ® Nelson Domínguez Morera (NOEL)



Transcurría uno de los Congresos de la FEU, era la jornada de clausura, el 3 de Marzo de 1990, el Jefe del Dpto Ideológico del CC del PCC en aquel entonces, me mandó a buscar para estar junto a él, desde la cabina de transmisión. El Comandante en Jefe, ubicado en la presidencia, usa una jarana con Vecino Alegret (entonces Ministro de la Educación Superior y el decano en el gabinete) “… vamos a oír que opina Vecino que es un disciplinado sargento de academias...” (realmente Comandante después de la Sierra).

“Barbarroja” irrumpe entonces en la cabina de transmisión donde nos encontrábamos, todos nos paramos como un solo resorte, el primero fue el dirigente partidista, a pesar de ser ya miembro del Buró Político, que nunca lo fue Piñeiro, (no por falta de méritos). El Comandante Piñeiro, hace un gesto con la mano en señal de sentarnos y me va para arriba sin mediar más nada “… oye médico, como fue ese asunto de que una fuente tuya le rebatió algo, en una charla sobre el Che en la Universidad, a un funcionario de América (referido al Departamento América del CC del PCC que ya para aquél entonces, él había propuesto crear y se encontraba dirigiéndolo).

“Comandante, (contesté con sumo respeto y modestia) no se trató de ninguna fuente, fue un militante del Partido de la propia Universidad que ubicado entre el auditorio de la conferencia, comentó que él lo había oído muy atentamente hablar con mucho elogio sobre el Che, pero sin decir nada sobre el maestro del Che, Fidel Castro”. Ahí mismo soltó su incondicionalidad hacia el Jefe de la Revolución, de la cual siempre hacia gala, “no jodas, si fue así como tu dices…a ese militante hay que darle una medalla y al mío, una buena patada por el culo, pero sigo con la duda de si era fuente tuya o no, está demasiada buena su aclaración…”.

Así era de campechano pero, también de insomne desconfiado.


Anécdotas con “Barbarroja”, “el Gallego” para Fidel (I)
Por el Coronel ® Nelson Domínguez Morera (NOEL)

(Con estos nuevos testimonios, algo demorados a causa de un grave accidente automovilístico, y siempre desde la intención que nos enseñara Martí de hacer “fecunda” la “tregua”, pretendo rendir homenaje, a partir de este emblemático y querido jefe, a todos los combatientes del MININT caídos dignamente, como mi modesto reconocimiento al nuevo y próximo aniversario de nuestra amada institución. Los que decidan leerlos, tendrán que volver a soportar el particularizarme, no encuentro otra forma de hacer anécdotas).



Su carisma personal, era su distingo de excelencia, el comandante Manuel Piñeiro Lozada “Barbarroja” (por el color rojizo de de su barba y melena desde la Sierra Maestra) era un verdadero jodedor criollo, criollísimo. Sin embargo, el Comandante en Jefe, que siempre le decía “El Gallego”, atendiendo a la nativa procedencia de su progenitor, le encomendó personalmente, el cumplimiento de serias, complejas, compartimentadas y sumamente difíciles tareas, al extremo que algunas sólo fueron del conocimiento de esos dos hombres. Piñeiro se las llevó con él a la tumba.

Encontrándonos el 20 de Febrero de 1997 acompañando a Abel Prieto Jiménez en su dolor irreparable por la muerte de su querida madre, en la funeraria de Calzada y K, recuerdo haberle encomiado a “ Barbarroja” el hecho de comenzar a publicar y por ende desclasificar, algunas de sus misiones cumplidas de mayor clandestinidad, en la revista Tricontinental, “…el Jefe me pidió que lo hiciera, sobre todo ahora que estoy tan joven (contaba ya con 64 años) porque cuando me ponga maduro se me empiezan a olvidar cosas y puedo meter guayabas” (aunque de otra forma, más seria, eso mismo aseveró ante las cámaras del Noticiero de la TV, al año siguiente, precisamente el día antes de su fatal accidente automovilístico, cuando conmemoraban, in sito, el Aniversario 40 de la creación del Segundo Frente Oriental “ Frank País”).

Donde quiera que se encontrara, siempre alrededor de él nos juntábamos un grupo de compañeros ¡era tanta la empatía que irradiaba!, la funeraria no fue excepción. Le pregunté entonces el por qué estando siempre en la Columna 1 de la Comandancia en la Sierra, lo enviaron al Segundo Frente con Raúl, “Oye médico (así me decía, no sólo por conocer mi vocación frustrada que trasladé a mi primogénita, sino por una misión que me mandó a cumplir mucho antes, en 1969) tu preguntas como carajo, pero te lo voy a contar. Fidel me llama a la Comandancia un buen día y me dice que va a mandar a Raúl abrir otro frente y al Che a preparar la invasión, que yo podía escoger, con quien me iba. No lo pensé dos veces, conocía bien al argentino y lo exigente en extremo que era y pensé que al otro, siendo su hermano, lo iba a llevar más cómodo con los suministros y no nos faltaría jama, ni botas, ni nada, y me embarqué compadre, porque precisamente por ser el brother, lo llevó con la de palo, creo que me hubiera ido mejor con el argentino”.

Tuvimos que hacer un esfuerzo colectivo para no echar carcajadas por lo solemne de la ocasión.

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