domingo, 9 de mayo de 2010

CRONICAS DE UN MAL CRONICO


CRÓNICAS DE UN MAL CRÓNICO


Por: Dr. Néstor García Iturbe.
4 de mayo del 2010.

Recientemente un compañero me obsequió un ejemplar del libro “Crónicas de la República de Cuba 1902-1958” escrito por la señora Uva de Aragón, publicado por Ediciones Universal en Miami, en los primeros meses de este año.

Según el compañero, conociendo mi “afición” por todo lo que publica esta señora, no pudo resistir la tentación de gastar una parte del dinero de la dieta alimenticia que había recibido para su viaje a ONU con tal de que yo pudiera “degustar” esta pieza literaria, lo cual estaba seguro yo disfrutaría.

No se equivocó el compañero. Cuando terminé de leer el mencionado libro consideré mi deber el hacer unos comentarios sobre el mismo y compartirlos con ustedes. No pretendo convertirme en un crítico literario, pero si en un crítico de lo que se escribe sobre la historia de nuestra patria, sobre todo si se trata de tergiversar esta.

El libro en cuestión está formado por cuarenta y cuatro artículos publicados en El Diario de las Américas bajo la firma de esta señora, más un artículo que va dirigido a los intelectuales. En mi análisis tocaré de forma explicita algunos párrafos de dichos artículos y además haré comentarios generales sobre otros, para no aburrir al lector.

El libro cuenta con 172 páginas de texto (excluyendo índices, referencias bibliográficas y otras) para reflejar eventos de 56 años de nuestra historia, un poco más de tres páginas por año, lo que en mi modesta opinión considero pobre y obliga a eliminar aspectos importantes de la misma. En esas 172 páginas se hace referencia 37 veces a la familia Márquez Sterling, Manuel y Carlos, una referencia cada 5 páginas. Me parece que ahí se le fue la mano tratando de darles un papel mayor en los anales de nuestra patria que el que desempeñaron.

Existen referencias bibliográficas a personas que ocuparon la presidencia de la nación en ese período, otras que tuvieron un papel en nuestra historia en períodos anteriores a los que trata el libro, otras totalmente irrelevantes y algunas en que considero también se le fue la mano, como con las referencias a Tongolele,
Pedrito Rico, Lucho Gatica y el trío de excéntricos musicales Gabi, Fofó y Miliki, que realmente es un lujo mencionarlos en un trabajo tan sucinto, o una muestra de ligereza por parte de la autora.

Para terminar con las referencias bibiográficas (recuerden que el período es de 1902 a 1958) y haciendo una selección, solamente para dar una idea de la importancia que se le atribuye a otras figuras, se cita a : Fidel Castro (5 veces), Raúl Castro (1), Camilo Cienfuegos (1), Eduardo Chibás (7), José Antonio Echeverría (2), Rafael García Bárcena (5), Antonio Guiteras (3), Juan Marinello (7), Rubén Martínez Villena (4), Julio Antonio Mella(4), Raúl Roa (3), Blas Roca (1), Carlos Rafael Rodríguez(2), Fructuoso Rodríguez (1), Pablo de la Torriente Brau (5).

Ni un solo líder obrero, ni un solo líder campesino. Estas “crónicas” ignoran totalmente la lucha de la clase trabajadora contra la opresión y la miseria.

Para entrar en materia, me gustaría iniciar el análisis por una idea que la señora de Aragón trata de promover en distintas páginas del libro y que finalmente muestra claramente en la página 159. “La palabra República rara vez ha aparecido así, por si sola, en la Cuba revolucionaria. Siempre se le acompaña del clásico cliché de república mediatizada, pseudo república o, peor aún se le llama neocolonia”.

Según esta señora las distintas denominaciones que se le ha dado a ese período de nuestra historia, que nadie puede cambiar, es solamente un “cliche”. No están determinadas por las condiciones objetivas en que vivía nuestro pueblo, la dominación yanqui, que nos convertía en una neocolonia. Una pseudo república donde los intereses del pueblo ni se respetaban, ni se satisfacían y donde las masas no tenían posibilidad de elegir a un gobierno que realmente lo representara. La república mediatizada había creado todos los mecanismos necesarios para que la clase dominante, aliada del imperialismo, se mantuviera en el poder. Señora, lo que usted plantea no es más que otra muestra de ligereza al analizar la historia de nuestro país, o de total identificación con los intereses que en aquella época explotaron a nuestro pueblo, más bien lo último.

Algunos enfoques que se hacen en el libro tratan de tergiversar totalmente nuestra historia, resaltando hechos sin relevancia y dejando de mencionar otros que marcaron la realidad en la que vivió nuestra isla en aquellos años. La apología a Tomás Estrada Palma trata de mostrarlo como defensor de las ideas independentistas y como un continuador de la obra de Martí, nada más alejado de la realidad; el candidato de Estados Unidos, con el apoyo de los grandes capitales cubanos y del conservadurismo, terminó de abrir las puertas al capital norteamericano para asegurar los intereses de estos en la neocolonia.

Este mismo enfoque parcial y totalmente falso de nuestra historia se pone de manifiesto en los distintos artículos (¿o capítulos?) del libro que tratan de describir lo sucedido en la etapa anterior al triunfo de la revolución. Como ya dije que no quería aburrir al lector, voy a pasar a las últimas hojas del libro para analizar hechos que pueden considerarse más cercanos al triunfo revolucionario.

En la página 134, se hace referencia al golpe de estado del 10 de marzo de 1952, ejecutado por Batista y organizado por la Embajada de Estados Unidos en la Habana. El gobierno estadounidense trató de hacer ver que el golpe de estado era una consecuencia de pugnas políticas internas, cuando en realidad era una acción para que las riendas de la nación no cayeran en manos que consideraban poco dóciles y hasta peligrosas para sus intereses y los de sus aliados cubanos.

Como ejemplo de que el pueblo no apoyó el citado golpe de estado, señala la señora de Aragón que “Un mes después del coup, Rubén Darío Rumbaut -uno de los dirigentes de la Juventud de Acción Católica- expresaba a la prensa habanera que su primera reacción había sido de indignación incontenible.” Una indignación incontenible que le llevó un mes en reaccionar.

Uva no señala, sin embargo, que un joven abogado, miembro del partido ortodoxo, llamado Fidel Castro, de inmediato presentó en el tribunal competente un recurso de inconstitucionalidad contra el golpe de estado que nunca fue atendido y que de ahí en lo adelante inició la lucha contra la tiranía y sus seguidores.

Cuando menciona los hechos del 26 de julio hace mención a las torturas y asesinatos que se cometieron contra los asaltantes y sus simpatizantes, sobre esto plantea en la página 138. “Pero la reacción violenta del ejército- con el conocimiento de Batista o sin el- es un hecho cierto”. Aquí la autora insinúa que aquellos hechos de sangre en que se torturó y asesinó a mansalva pudieran haberse efectuado sin el conocimiento de Batista. Otro esfuerzo como los que ha realizado en distintas oportunidades por mostrar un Batista que nada tiene que ver con el que sufrió nuestra nación. Otra tergiversación histórica.

Interesante que en la pagina 140 señala como en febrero de 1955,
“..un grupo de la Juventud de Acción Católica funda el Movimiento de Liberación Radical, con Amalio Fiallo a la cabeza”. Esta referencia a la Juventud Católica y a jóvenes católicos se repite en distintas partes del libro. ¿Qué nos trata de decir Uva? Sin negar la participación de creyentes católicos en el proceso revolucionario, al igual que de creyentes de religiones africanas, protestantes y no creyentes, el solo mencionar a los católicos nos permite imaginar que se les trata de dar una preponderancia en la lucha, que no tuvieron.

Algunas contradicciones se ponen de manifiesto en el propio texto, cuando se habla de la mediación, donde muchos aspiraban a retornar a la politiquería haciéndole el juego a Batista ( entre ellos Carlos Márquez Sterling ) participando en las elecciones parciales que se convocaron. Se describe un mitin político en el Muelle de Luz donde según el libro, “Prácticamente toda la oposición, menos los miembros de la FEU, los comunistas y los castristas, dice presente”. El acto terminó como la famosa fiesta del Guatao, pues se plantea que , “..el acto es interrumpido por pedradas, silletazos y gritos de ¡Revolución! ¡Revolución! ¡Mueran los americanos! ¡Abajo el imperialismo yanqui!”

Todo parece indicar que en aquella multitud a la que hace referencia la señora Uva en su libro, estaban presentes los miembros de la FEU, los militantes del Partido Socialista Popular, (denominados en el libro como comunistas) y los miembros del Movimiento 26 de Julio (a los que Uva denomina castristas al igual que siempre lo ha hecho lo peor del exilio). Esas fuerzas, que se oponían a la componenda electora y hacerle el juego a Batista, evidentemente fueron las que se encargaron de finalizar aquel bochornoso espectáculo.

En la página 145, donde se hace referencia al ataque a la guarida de Batista, el 13 de marzo, la señora de Argón asegura que,
“A Carlos Márquez Sterling lo fueron a buscar a su casa, pero se negó a que la policía se lo llevara sin una orden de arresto, y no lo forzaron.”

¡Que respetuosa la policía de Batista! En momentos posteriores a que Batista podía haber sido ajusticiado, en una situación donde estaban asesinando a cualquiera que sospechara había estado en la acción o se opusiera al régimen, el simple hecho de no contar con una orden de arresto le salva la vida a Carlos Márquez Sterling. El que se crea esto, se puede creer cualquier cosa.

Sin hacer referencia a otras aseveraciones que se hacen en el mencionado libro, donde en varias oportunidades se califica de castristas a los Miembros del Movimiento 26 de Julio y se trata de negar la participación de estos en acciones de importancia como el alzamiento del 5 de septiembre, podemos decir que solamente reconoce esto cuando no tiene otra salida.

Para cerrar con broche de oro la etapa de la lucha insurreccional y el porqué de la fuga del tirano Fulgencio Batista, en la página 150 nuevamente se tergiversa la historia al plantear, “Las versiones sobre los tumultuosos eventos del mes de diciembre y los papeles que jugaron el General Eulogio Santillo y el embajador Earl T. Smith difieren, pero quedan pocas dudas de que el último le pidió a Batista que se fuera del país. Y así, en la madrugada del 31 de diciembre de 1958 al 1ro. de enero de 1959, Batista y sus seguidores más íntimos, se dirigieron al aeropuerto del campamento de Columbia.”

La derrota de las fuerzas del ejército de la tiranía en las montañas orientales, la lucha exitosa en el llano por parte de las fuerzas rebeldes, la toma de Santa Clara y de casi todos los pueblos de la antigua provincia de Las Villas, la situación insostenible por parte de las fuerzas de la tiranía en prácticamente todas las ciudades del país, principalmente en Santiago de Cuba y en la propia Habana fueron los factores objetivos que determinaron el triunfo de la revolución y la fuga del tirano. Según Uva “quedan pocas dudas” de que fue la petición del embajador estadounidense la que originó todo esto. Este es otro cuento como el de la salvación de Carlos Márquez Sterlin el 13 de marzo. El que se crea esto, se puede creer cualquier cosa.

¿Consideran ustedes que ahí terminaron los cuentos de Uva? Aún nos queda uno. En este la señora de Aragón nos muestra su verdadera imagen, nos da todos los elementos necesarios para poder analizar objetivamente su forma de actuar y los verdaderos propósitos de su libro. En la página 152 nos ofrece todos esos elementos cuando nos dice:

“A menudo se escucha que en 1958 Cuba disfrutaba de uno de los mayores ingresos per capita de la América Latina. Éramos los primeros en muchos renglones, con más televisores (uno por cada 25 habitantes), más teléfonos, (uno por cada 38), más automóviles (uno por cada 40) y más líneas de ferrocarril (una milla por cada cuatro millas cuadradas) que ningún país latinoamericano. Y sin duda, nuestra capital era la ciudad con más Colas de Pato (Cadillacs). En 1953, la tasa de analfabetismo -23,6%- era la cuarta más baja de Nuestra América. Teníamos razón, por igual, para estar orgullosos de que la taza de mortalidad infantil era la más baja de la región. Sin embargo, nada de esto quiere decir que no hubieran serios problemas económicos y sociales.”

¡Señora Uva, por favor, un poco más de respeto! ¿Quiénes eran los que tenían ingresos desmedidos cuando la mayoría de la población casi no ganaba para vivir? ¿Cuántos desempleados y campesinos sin tierra había en nuestro país cuyos ingresos eran prácticamente nulos? ¿Quiénes eran los propietarios de los televisores, los teléfonos, los automóviles? ¿Quiénes eran los propietarios de los Colas de Pato? Algún cubano trabajador o campesino podría ponerse en la lista de los propietarios de estos medios.


Se dice, al parecer con orgullo, que la tasa de analfabetismo era el 23,6%. ¿Usted sabe lo que quiere decir esto? Una cuarta parte de la población analfabeta y si sumamos aquellos que a penas sabían firmar o que leían con dificultad, estoy seguro que llegaríamos cerca del 50 %. ¿Qué clase de futuro podía tener un pueblo que estaba sumido en la incultura? El cuarto más bajo en América Latina con el 23,6%, no es precisamente un éxito para Cuba, lo que nos muestra es el terrible atraso en que se encontraba Nuestra América.

Cuando usted dice que la mortalidad infantil era la más baja de la región, se cuida de dar los datos que sustentan esto.
¡Señora Uva, ese truco es viejo! Sigue siendo un consuelo de pobres el pensar que estábamos muy bien porque los otros estaban peor. No se le ocurrió que cualquiera podría buscar los datos. En 1958 la mortalidad infantil en Cuba alcanzó el 37,6 por ciento, realmente era mucho mayor de acuerdo al estimado del Ministerio de Salud Pública de Cuba, más del 50 por ciento, pero voy a utilizar el 37,6 por ser un dato publicado en El Nuevo Herald el 13 de noviembre del 2001, fuente que considero usted no impugnará. En el año 2008 la mortalidad infantil en Cuba fue del 4,7 por ciento.

En la propia página usted expresa. “Abundan cifras que indican que Cuba en la década de los cincuenta era un país en desarrollo y que gozaba de uno de sus mejores momentos económicos. Es fácil comprobar el auge de construcción de que disfrutó La Habana en esas fechas, y el no menos asombroso desarrollo de la cultura….”

Cuando pasamos a la página siguiente usted continúa la avalancha sobre la década del cincuenta y cita, además de la violencia política, imposible de ocultar, “ Pensemos por un momento en las noches estrelladas de Tropicana, los buenos restaurantes, la inauguración de nuevos hoteles –el Hilton, el Riviera, el Capri-, de nuevos edificios como el Focsa y nuevos repartos, como La Habana del Este y Mulgoba entre otros. Recordemos los apasionantes juegos de La Habana y Almendares; los geniales sketches del Gallego y el Negrito; los magníficos programas de televisión y radio –entre ellos la Universidad del Aire-; las temporadas de ópera con interpretes de la talla de Renata Tebaldi; los conciertos de la Sinfónica; las mercancías que llenaban tiendas como El Encanto y Fin de Siglo; las meriendas en el Carmelo o en el Ten Cent; los juegos de dominó en clubes y casas privadas; las regatas de remo; los bailes de quince y de debutantes; los Carnavales por el Paseo del Prado; los estrenos de películas americanas en el Payret, Rodi, Trianon, el Cine Miramar; las conferencias en el Lyceum; las salitas de teatro; la amplia gama de periódicos; los movimientos literarios del alcance del grupo Orígenes; la chispa irónica de Zigzag.

Revivamos los paseos por el Malecón, los pregones de los vendedores ambulantes; el tintineo de la campanilla del heladero; el auge del cha cha cha, los triunfos de artistas extranjeros – Pepe Biondi; Gabi, Fofó y Miliki; Pedrito Rico; Sarita Montiel; Pedro Vargas; Lucho Gatica- y propios, de Alicia Alonso a Olga Guillot. La Habana de los 50 era la de El Túnel y la Engañadora… La Habana sonriente, iluminada de sol de trópico, borracha de brisa, campechana y bailadora, sin prisas, con la frase cariñosa a flor de labio, el abrazo fraterno, el Aquí no hay problemas. Todo se arregla entre cubanos como tema de vida.”

¿Y que nos sucedió? ¿Cuál fue la desgracia que nos cayó encima que trajo como consecuencia que ese maravilloso país que usted describe dejó de serlo? ¿Serían los miembros de la FEU, los comunistas y los castristas de que usted habla los causantes de esto? ¿Eso es lo que usted quiere decir en este capítulo, pero que no lo dice, deja que el lector lo infiera? Otro viejo truco, señora de Aragón.

Revisando lo que se ha escrito sobre la situación social en Cuba antes del triunfo de la Revolución, encontré unos párrafos que describen perfectamente aquellos años. Estos se refieren a toda la isla, pues las referencias dadas por usted solamente se circunscriben a La Habana, como si el resto de la isla no existiera.

Este autor señala, “ Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierra productiva.”

Más adelante continúa expresando, “Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud; dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos, y dos millones ochocientas mil de nuestra población rural y suburbana, carece de luz eléctrica….. A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños de edad escolar y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ¿Es así como puede hacerse
una patria grande?

De tanta miseria sólo es posible librarse con la muerte; y a eso sí los ayuda el Estado; a morir. El 90 por ciento de los niños del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos…. El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siendo igual o peor.”

Al analizar los problemas de la República y la forma de resolverlos, plantea. “ Y no es con estadistas al estilo de Carlos Saladrigas, cuyo estadismo consiste en dejarlo todo tal cual está y pasarse la vida farfullando sandeces sobre la libertad absoluta de empresa, garantías al capital de inversión y la ley de la oferta y la demanda”. Señora Uva, este es el mismo Carlos Saladrigas que usted califica en la página 120 de su libro como una de las personalidades de gran talento que colaboraron con Batista en 1940.

Los párrafos que he seleccionado, en los que se describe de forma fehaciente la realidad de aquellos años, corresponden al alegato denominado “La Historia me Absolverá” confeccionado por el Comandante en Jefe Fidel Castro para llevar a cabo su propia defensa en el juicio del ataque al Cuartel Moncada.

La Crónica de la señora de Aragón, corresponde a un mal crónico que padecen muchos en Miami. En ella, además de tratar de tergiversar la historia de nuestra patria, se pone de manifiesto la melancolía que invade a todos aquellos que se marcharon de Cuba con la esperanza de que los marines estadounidenses invadieran el país y volvieran a situar las cosas en el lugar que a ellos les convenía. La añoranza por la vuelta al pasado, a la libre empresa, a los clubes privados, a los repartos exclusivos, a la politiquería y al enriquecimiento para unos pocos a costa del hambre de muchos.

Señora, su mal no tiene cura. A usted no la salva ni el médico chino.

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