viernes, 14 de mayo de 2010

EL CHE, UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

EL CHE, UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

11 DE SEPTIEMBRE DEL 2009

por Néstor García Iturbe

En los primeros años de la revolución un compañero con el que había militado en el Movimiento 26 de Julio me planteó se necesitaban contadores en el Departamento de Industrialización del INRA, al frente del cual estaba el Che. En aquellos momentos yo trabajaba de auditor en Manrara y Pérez Daple, una firma de auditores independientes donde la actividad contraria a la revolución crecía diariamente, por lo que no vacilé mucho en aceptar la oferta.

A los pocos días estaba yo entrevistándome con el Che, en su despacho, donde no cabía un papel más sobre la mesa. La entrevista fue corta, preguntó por mi experiencia como contador y al parecer la respuesta lo satisfizo. Mi amigo le señaló que yo hablaba inglés. Eso también le interesó, pues dijo que próximamente se nacionalizarían algunas empresas norteamericanas y se necesitaba gente que hablara inglés. La tercera y última pregunta estuvo referida a mi actividad dentro del 26 de Julio. Por el semblante que puso deduje fácilmente que la respuesta le agradó, pues yo había estado luchando en la clandestinidad y además era dirigente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela Profesional de Comercio de la Habana.

Al terminar la entrevista me dijo que fuera a ver al “Patojo”.El “Patojo” era un revolucionario guatemalteco que el Che conoció cuando el derrocamiento de Arbenz. Juntos salieron para México y allí vivieron como buenos camaradas. Después del triunfo de la revolución el ¨Patojo” viajó a Cuba y se presentó ante el Che, quien lo nombró Jefe de Personal del Departamento de Industrialización del INRA.

Después que mi compañero me presentó y le dijo que el Che estaba de acuerdo con que yo trabajara allí, lo primero que me preguntó fue si estaba trabajando en ese momento y cuanto ganaba. Le dije donde trabajaba y mi salario, que sin contar las regalías y otros ingresos adicionales era de cuatrocientos pesos mensuales.

Aquella cifra fue suficiente para que el “Patojo” pusiera el grito en el cielo. Me dijo que el ganaba sesenta pesos y el Che ochenta, que ni loco me pagaba cuatrocientos. Después de una recia discusión y de argumentar todos los gastos que tenía, incluyendo el alquiler, luz, teléfono, comida, gasolina para el carro y otros, el “Patojo” accedió a pagarme doscientos cincuenta pesos, a riesgo de que si el Che se enteraba podía sancionarlo. A los pocos días tenía en mis manos el nombramiento en la Manufacturera General Electric S. A. (MAGESA ).

Un año y meses después, siendo Jefe Económico de la Empresa Consolidada de Equipos Eléctricos y Electrónicos, la empresa recibió la visita del Che para discutir la Circular 40, que establecía los parámetros para la rendición de cuentas de la actividad del año.

Recuerdo que uno de los problemas que el Che planteó en esa ocasión, fue que la producción de transformadores para lámparas fluorescentes estaba casi en cero, a pesar de haber sido nacionalizada una fábrica que los construía en Matanzas. La explicación de aquel fenómeno no era fácil y después que varios compañeros le habían dado algunas excusas sobre la falta de materia prima y otras, decidí hablar.

Le expliqué que las cajas de los transformadores eran las que se recuperaban de los transformadores viejos, los núcleos se confeccionaban con la recortería de la fábrica de cubos de Matanzas, se contaba con el alambre para el enrollado y el aislante era chapapote, que también teníamos. El problema era que algunos de aquellos transformadores tenían el riesgo de incendiarse debido a problemas en la calidad de su fabricación; en aquellos momentos no había forma de probar cuales podían incendiarse y cuales no y el antiguo dueño, que continuaba al frente de la fábrica, tenía temor de que si ocurría un incendio provocado por sus transformadores, lo detuvieran y plantearan era un sabotaje.

El Che pidió que aquel compañero se parara y explicara si lo dicho por mi era cierto. Después que este confirmó todo lo que yo dije se quedó pensativo durante unos segundos. Habló sobre la necesidad de transformadores para poder habilitar las lámparas de toda una serie de industrias y escuelas; del bloqueo y la imposibilidad que en aquel momento teníamos de poder contar con todos los transformadores necesarios. Orientó se hiciera un banco de pruebas donde cada transformador que se produjera tenía que estar por lo menos ocho horas seguidas funcionando. Después le dijo al antiguo dueño que “produjera transformadores y si había que acusar a alguien de sabotaje que lo incluyeran a él en la lista”.

Entre los métodos de dirección establecidos por el Che en el Ministerio de Industrias estaba el que los dirigentes tenían que pasar anualmente un mes trabajando en un puesto de trabajo dos niveles por debajo del suyo. El primero que cumplía con eso era él que anualmente se pasaba un mes como Director de alguna de las Empresas del Ministerio.

En mi caso, cuando me tocó aquel mes de trabajo, seleccioné una de las fábricas donde existían mayores incumplimientos y problemas en los controles económicos y contables. Durante ese mes yo fui el Jefe del Departamento Económico de la fábrica. Recuerdo que durante el mes prácticamente llené una libreta con notas y observaciones. Al regresar a mi puesto en la Empresa reuní al Consejo de Dirección del Departamento Económico. Como resultado de la reunión se suspendieron cerca de diez informes que las fábricas tenían que rendir mensualmente a la empresa, se simplificaron los controles establecidos y se orientó una mayor vinculación de los jefes a nivel de empresa con los jefes a nivel de fábrica. Aquel mes había sido una magnífica experiencia para luchar contra el burocratismo y la desidia.

De todos es conocido que el Che era un gran impulsor del trabajo voluntario. Además del trabajo agrícola gustaba de laborar en distintas industrias, incluyendo entre estas a una fábrica de cajas de cartón corrugado conocida como “Enico” (su antiguo nombre) que estaba situada en la esquina de Amenidad y 20 de Mayo, a pocas cuadras del Ministerio de Industrias.

Quizás la cercanía de aquella fábrica ayudó a que el Che en varias oportunidades realizara trabajo voluntario en la misma. Por lo regular trabajaba cerca de la corrugadora, que estaba situada en una nave de techo metálico la cual despedía bastante calor, a ese calor debía sumarse el propio de la corrugadora, que trabajaba con vapor de agua, lo cual mantenía una alta temperatura ambiente.

Una de aquellas tardes en que el Che estaba haciendo trabajo voluntario el calor era insoportable, todos los trabajadores sudaban copiosamente y de pronto se apareció el compañero que en aquel momento era administrador de la fábrica con un vaso lleno de limonada fría para el Che. El Che ni tocó el vaso.

Le preguntó al compañero si ya le había dado limonada fría a todos los trabajadores, al recibir una respuesta negativa le dijo al administrador que le diera limonada a todos los trabajadores y si después de eso le queda algo de limonada, entonces le brindara a él.

Una experiencia inolvidable, con la cual quiero cerrar estos relatos, la sufrí en una oportunidad cuando el contador de la fábrica “Segere”, situada cerca del aeropuerto José Martí me llamó para decirme que no había podido sacar el dinero de la nómina y que por lo tanto los trabajadores no cobrarían esa semana.

Los esfuerzos con el administrador del Banco fueron totalmente infructuosos, la nómina no había estado a tiempo y el Banco había cerrado. Hasta el lunes no había posibilidad de sacar el dinero. El contador de la fábrica y yo fuimos a distintas fábricas de la Empresa para tratar de obtener el dinero necesario para el pago de la nómina. Tampoco resolvimos. Lo más que pudimos hacer fue recoger el dinero del fondo fijo de las fábricas y la Empresa con lo cual podíamos darle veinte pesos a cada trabajador.

Cuando llegamos a “Segere” cité a una asamblea con todos los trabajadores, les expliqué lo sucedido, los informé que se les daría veinte pesos a cada uno para que pudieran resolver lo más perentorio y el resto del salario se les daría el lunes en la mañana. Reconocimos la negligencia que había originado esa situación, por la cual nos auto sancionábamos el contador de la fábrica y yo a trabajar un mes en la producción en el puesto de trabajo que requiriera el mayor esfuerzo.

Algunos trabajadores hablaron. Realmente no era agradable saber que en vez de cobrar el viernes cobrarían el lunes. Se plantearon distintos problemas pero realmente no teníamos forma de resolverlos. Uno de ellos propuso que pasáramos el mes doblando bisagras de las cajas eléctricas, que él aseguraba era el peor puesto de trabajo de la fábrica, lo que fue respaldado por una ovación cerrada. De que era el peor puesto de trabajo lo pude confirmar después en la práctica.

El sábado estaba en la Empresa trasladándole a mi sustituto los asuntos de mayor importancia, cuando recibí una llamada planteando debía de ir de inmediato a ver al Ministro. Llegué al Ministerio, subí hasta el piso de su oficina y de inmediato me hicieron pasar, evidentemente estaban esperándome.

En el despacho estaba el Che, que pidió me sentara y sin calentar mucho el asunto me dijo que le contara lo que había pasado el día anterior en “Segere”.Yo no podía imaginarme cómo en tan poco tiempo ya el Che sabía del asunto, pero le conté todo con lujo de detalles, incluyendo la solución que pudimos aplicar y la auto sanción que nos habíamos impuesto.

El habló del respeto al trabajador, la importancia de la producción que en aquel momento estaba haciendo “Segere”, del problema político que creaba el no pagar la nómina en tiempo y de la importancia que esto no volviera a suceder.En cuanto a la auto sanción me dijo que yo era inteligente; aquí su cara se tornó mucho mas seria que durante el resto de la conversación, si yo me había sancionado él no podía sancionarme, pero comprobaría que cumpliera la sanción en tiempo y forma.

En dos oportunidades se apareció en “Segere” para comprobar como estaba todo y recomendó que no nos pusieran a realizar otro trabajo, que cumpliéramos con ése.

Realmente fue una experiencia inolvidable haber podido intercambiar con el Che en algunas oportunidades, poder constatar directamente su calidad humana y recibir la enseñanza de su actuar diario.

El autor es Doctor en Ciencias Históricas. Miembro del Consejo Científico y del Consejo Asesor del ISRI.

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