jueves, 6 de mayo de 2010

SE NOS FUE OTRO DE LOS GRANDES

SE NOS FUÉ OTRO GRANDE
Por: Coronel ® Nelson Domínguez Morera (NOEL)
Abril del 2010.

El General de Brigada (r) Ramiro Mayáns Rodríguez falleció el pasado sábado y sin proponérselo, se incorpora a la triada contemporánea de héroes del MININT que recientemente nos han dejado de acompañar. Me refiero a él y a los que lo antecedieron; el Coronel (r) de Tropas Especiales del MININT y Comandante del EPS de Nicaragua Renán Montero y el Coronel, en activo hasta su deceso, Raúl García Rivero.

Los 3 sin estridencias constituyeron una pléyade de combatientes que tenían mucho en común: su arrojo, sus dotes de mando, su internacionalismo, compañerismo y austeridad, pero sobre todo, su excelsa modestia. Sin estridencias los 3 acompañaron, en distintos momentos, a muchos integrantes de la Dirección del país no solo a misiones y tareas riesgosas sino cumpliendo a cabalidad, anónima e incondicionalmente, con absoluta fidelidad, sus orientaciones e intenciones.

Sin estridencias, ni tan siquiera aunque fuera una modesta esquela mortuoria en lo periódicos, los 3 nos abandonaron con la única satisfacción del deber cumplido, incluso con resultados a veces impublicables. Los 3 constituyen paradigma para nuestras nuevas generaciones de combatientes como ejemplos a seguir e imitar en su accionar diario.

Me propongo en otros momentos y espacios, ampliar sobre ellos con anécdotas y vivencias que pudieran resultar útiles, aún manteniendo la compartimentación necesaria.

OTRA ANÉCDOTA CON RAMIRO MAYÁNS RODRÍGUEZ

Encontrándose en Nicaragua como 2do Jefe de la Misión Internacionalista, el 19 de Enero de 1985, le ocurrió al entonces Coronel Ramiro Mayáns Rodríguez un desgarrador incidente que lo marcó para el resto de su fructífera existencia. La dirección del FSLN había invitado a su esposa Irma y sus dos pequeños hijos Ramirito e Irmita a que pasaran con él algunos días en Managua, dado que se le hacía imposible visitarlos en Cuba por su intensa labor. Estando esperándolos en el Aeropuerto Internacional Augusto César Sandino de Managua para recibirlos y trasladarlos al lugar previsto de hospedaje, le informaron la trágica noticia del desastre sobre la caída y sin sobrevivientes, del avión de Cubana casi al despegar del Aeropuerto José Martí.

De inmediato las autoridades del MINT Nicaragüense dispusieron su traslado a nuestra capital y allí lo recibimos un grupo de sus amigos más íntimos junto a los principales Jefes del MININT. Cuál no sería mi sorpresa en medio de los emotivos abrazos y condolencias solidarias, cuando me preguntó cómo se sentía Rebeca, en aquel entonces mi esposa, combatiente del MININT, hermana del copiloto de la accidentada nave y también fallecido Ramón García Ruiz.

Durante el velorio de los restos que pudieron recuperarse, expuestos en el lobby del edificio de la CTC, y ante las continuas visitas que hiciera al lugar el Comandante en Jefe para dar su pésame personal y solidarizarse con los familiares de las víctimas, Ramiro Mayáns se dedicaba afanosamente a explicarle a todos, los resultados de las primeras pesquisas para que no tuvieran dudas de que se trataba de un lamentable accidente, desvinculado a todo tipo de sabotaje como inicialmente se pensó. También fui testigo de excepción, cuando el Comandante lo visitó en la casa de visita del MININT donde había orientado trasladarlo, para alejarlo de los recuerdos familiares de sus seres queridos en su residencia del Nuevo Vedado y su peculiar insistencia de que no regresara a la casa para no atormentarse más.

Sin embargo, al día siguiente, desconsolado, cual prisionero en su propia casa, después de entrar a hurtadillas por la cocina para no llamar la atención, el “Chino” me llamó por teléfono y hablando casi en susurro me pidió lo visitara para ayudarlo a recoger algunos recuerdos de sus hijitos que quería conservar. La única vez que lo vi sonreír por aquél entonces, fue cuando abrió una carta que el travieso Ramirito, había preparado para enviársela y aún permanecía sellada. Cuál no sería la sorpresa cuando una porción de arena a ex profeso ocultada en la misiva por el niño, le cayera encima de su ropa, tan pronto la abriera…

Ramiro Mayáns regresó a culminar su misión internacionalista y facilitado por las autoridades nicas, adoptó algunos niños huérfanos que trajo consigo a La Habana, para intentar consolarse no sólo él, sino también a los desconcertados suegros, padres de Irma, que esmeradamente criaron y educaron a dos de ellos, como antes habían coadyuvado hacer con los infortunados, en su casa del barrio de Atarés. A estos niños nicas, Ramiro los inscribió con los mismos nombres de los desaparecidos.
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